Alérgenos en el restaurante: los 14 obligatorios, la carta y el Reglamento (UE) 1169/2011
Cómo funciona la declaración de alérgenos en el restaurante: el Reglamento (UE) 1169/2011 y los nombres con que lo conocen otros países, los 14 alérgenos que hay que declarar, las reglas de los alimentos sin envasar, los sistemas de leyenda y sigla en la carta y cómo mantener la declaración siempre al día. Guía práctica, no asesoramiento legal.
La declaración de alérgenos es, para muchos hosteleros, la obligación más incómoda de la carta: enrevesada, en cambio constante, y un error puede salir caro. Y sin embargo el principio es más sencillo de lo que parece — y bien hecho protege al cliente y a ti a la vez. Antes de nada, la advertencia que importa: este artículo no es asesoramiento legal. Cómo debes declarar en tu caso concreto, qué fórmulas se esperan y cómo funciona la inspección dependen de tu país, de tu local y del estado actual de las normas. Para tu situación, consulta a tu asesor de seguridad alimentaria o a la autoridad sanitaria de tu comunidad. Aquí encontrarás el principio y la práctica, no un dictamen sobre tu carta.
Una norma de la UE, muchos nombres
La base es la misma en toda la Unión: el Reglamento (UE) 1169/2011 sobre la información alimentaria facilitada al consumidor. En España lo llamamos simplemente "el 1169"; en Alemania y Austria es la LMIV; en Francia el "règlement INCO". Es la misma ley, solo cambia el nombre de andar por casa. Si tienes clientela internacional o locales al otro lado de la frontera, conviene saberlo — porque el fondo vale igual para todos.
Lo que la norma pide a un restaurante cabe en una frase: antes de pedir, el cliente debe poder saber cuáles de los 14 alérgenos de declaración obligatoria contiene un plato. Luego cada país traspone el detalle con su desarrollo nacional, y la autoridad que inspecciona cambia según el lugar. Los 14 alérgenos, en cambio, son idénticos en toda Europa — y por ahí empezamos.
Los 14 alérgenos que van en la carta
Las categorías de declaración obligatoria son catorce, ni una más ni una menos: cereales con gluten (trigo, centeno, cebada, avena, espelta), crustáceos, huevos, pescado, cacahuetes, soja, leche (incluida la lactosa), frutos de cáscara (almendra, avellana, nuez y otros), apio, mostaza, sésamo, dióxido de azufre y sulfitos (por encima del umbral), altramuces y moluscos (mejillón, calamar, caracol).
La lista es la parte fácil; la trampa es que un alérgeno suele esconderse donde no lo buscas. Sulfitos en el vino y en la fruta desecada, apio en la pastilla de caldo, mostaza en la salsa preparada, soja en el rebozado. Para cada semielaborado que compras vale la misma regla: lee la etiqueta, traslada sus alérgenos. Cómo convertir eso en una declaración limpia, plato a plato, está en la guía de la tabla de alérgenos; la tabla de alérgenos gratuita te da la cuadrícula ya lista.
Alimentos sin envasar: el caso que define a la hostelería
Casi todo lo que sirve un restaurante es alimento sin envasar — preparado al momento y servido abierto en el plato, no sellado como el envase del supermercado. Esa categoría tiene sus propias vías de información, a menudo más flexibles que la botella etiquetada del lineal; en España el detalle lo desarrolla el real decreto sobre información alimentaria de los alimentos sin envasar. En la práctica significa que la información sobre alérgenos debe estar disponible y accesible antes de que el cliente decida — en la carta, en una leyenda, en un cartel o mediante una respuesta verbal bien señalada, respaldada por un soporte escrito en el que se apoya el personal. Qué vía basta en tu comunidad lo verificas con la autoridad sanitaria: la aplicación concreta varía, el principio de accesibilidad no.
Leyenda, asterisco, siglas: cómo se presenta la declaración
En la carta se han impuesto unos pocos sistemas. El más extendido es una sigla o un número en superíndice tras el plato, resueltos en una leyenda a pie de carta — "estofado ¹,³,⁷" con "1 = cereales con gluten, 3 = huevos, 7 = leche". El asterisco, en Italia, suele señalar el congelado más que el alérgeno; para alérgenos las siglas o las notas son la opción limpia, porque un mismo plato puede llevar varios.
Dos cosas deciden la calidad: integridad y legibilidad. Una leyenda en cuerpo seis que nadie descifra no cumple su función — ni legal ni humana. Y la respuesta verbal no sustituye sin más a la escrita: quien informa de palabra suele necesitar una base documentada en la que se apoya el personal. El principio se mantiene: el cliente decide antes de pedir, no tras el primer bocado.
Aditivos: la declaración que viaja al lado
Conviene señalarlo porque a menudo se confunde con los alérgenos: en varios países — el área de habla alemana en particular — junto a los alérgenos existe una segunda obligación, distinta, sobre los aditivos. Colorantes, conservantes, antioxidantes, potenciadores del sabor, edulcorantes, productos sulfitados o curados con nitritos, fosfatos, cafeína: también estos se hacen reconocibles, normalmente con su propia leyenda. Afecta a la cola, al embutido, a la aceituna en conserva, a la bebida coloreada. Donde aplica, prevé dos leyendas, no una: alérgenos y aditivos conviven, a menudo en el mismo bloque de notas, pero con lógicas distintas. Si la obligación sobre aditivos aplica a tu local, y cómo, es otro punto que confirmar en el ámbito local.
La declaración tiene que ser correcta — cada día
El fallo más común no es la leyenda que falta, es la desfasada. El proveedor cambia la receta de la salsa y de pronto lleva mostaza; la cocina pasa de mantequilla a margarina y un alérgeno sale mientras otro entra. Una carta impresa no sigue el ritmo: se actualiza cuando se reimprime, o sea, rara vez.
Aquí una carta digital marca la diferencia. Con Menudetto, la IA detecta los alérgenos en el plato y en los ingredientes y propone la declaración — pero antes de publicar nada, una persona revisa las sugerencias. La IA te quita el trabajo pesado; la responsabilidad del plato sigue en la cocina. Si un producto cambia, corriges la ficha en segundos desde el móvil, y la carta del QR queda al día al instante. Es la misma razón por la que funciona un menú sin gluten bien llevado: la información coincide con lo que de verdad sale hoy de la cocina.
En resumen
La declaración de alérgenos en el restaurante sigue el Reglamento (UE) 1169/2011 — con nombres distintos en cada país: 14 alérgenos que el cliente debe poder reconocer antes de pedir; los alimentos sin envasar tienen sus propias vías de información accesibles; en la carta las siglas y las notas funcionan mejor que el asterisco; y en varios países la declaración de aditivos acompaña a la de alérgenos. Lo que más importa es que la información coincida con lo que sirves hoy. Para el cómo exacto en tu local, habla con tu asesor y con tu autoridad sanitaria — este artículo es una guía práctica, no asesoramiento legal.